Nada más abrir los ojos, te encuentro a mi lado cojiéndome de la mano, y luchando conmigo. ¡Estás tan guapa!
¡Oh, mamá! No llores, estoy bien, estoy… Mamá, es que así también lloro yo… ¿saldré de esta, verdad? Estos médicos… ya te lo habrán contado… Vaya… Pero tranquila, estoy luchando con todas mis fuerzas.
¿Y esas flores? Son margaritas, me encantan. Creo que te hacen más bonita cuando las llevas tú.
Mamá… dime que serás feliz, siempre, pase lo que pase, por favor.
Tápame, tengo frío, y sueño, y…
Entonces, comprendí. Le acaricié la cara, estaba tan caliente… Le di un beso en la cara, y me volví valiente, y le sonrío como nunca lo había hecho. Y en ese momento, le regalé el último soplo de mi corazón.